Instituto Gilberto Concepción de Gracia  

Palabras frente al cadáver del Dr. Gilberto Concepción de Gracia

Antulio Parrilla Bonilla, SJ, Obispo Titular de Ucres
Río Piedras, Puerto Rico, 17 de marzo de 1968

Esta tarde reúne delante de los restos mortales del estimado patriota una genuina representación del puertorriqueñismo.  Los sentimientos de dolor que visten nuestro espíritu ante esta sorpresiva desaparición se mitiga un tanto por la sobria alegría interior que produce esta auténtica solidaridad de la patria que asiste tan dignamente representada, a llorar a otro de sus distinguidos hijos que con valentía y sacrificio generoso la sirvió.

GCG y Antulio Parrilla
Gilberto Concepción de Gracia y Antulio Parrila Bonilla
comparten en el Ateneo Puertorriqueño. 1968

      Supo pulsar las terribles angustias de una puertorriqueñidad en creciente peligro de desaparecer absorbida y mixtificada por unos valores ajenos a ella, y supo identificarse con amorosa entrega con ese dolor y esa tensión.  Los últimos años de su vida incansable fueron un holocausto en el ara del deber y de la responsabilidad patriótica, que impulsaba la contemplación del deterioro del ser nacional.  Así, con una actitud de cristiano sereno, quiso buscar en lo político, un remedio pacífico al gravísimo problema moral que plantea el proceso de estrangulamiento persistente del ser puertorriqueño, a todo lo largo de su historia, pero que se ha recrudecido desde el ´98, y últimamente a un ritmo más acelerado.

      Aunque la política es un sector autónomo de la vida secular del pueblo, y en él los cristianos actúan siguiendo las propias reglas del sector, como personas desasociadas de las estructuras eclesiales, sin embargo, sigue siendo una urgente obligación del magisterio eclesial el dar la voz de alerta y de admonición ante los peligros que damnifican el bien común, y máxime, cuando  hay envueltos en la cuestión los continuos riesgos de la pérdida del modo de ser y hasta del ser mismo puertorriqueño.  Este problema básico nuestro, cuyos males se reflejan con mucha claridad en todos nuestros problemas tanto seculares como eclesiales, es de tal envergadura que sería suicida tratarle dentro de las líneas partidistas.  Al tratarlo la Iglesia, --si lo trata y cuando lo trate, preferiblemente en forma ecuménica--, no asume por ello una posición partidista.

      Se ha ido creando una trágica ambivalencia en lealtades y en amor patriótico que va haciendo perder nuestro sentido de dignidad nacional, que es no solamente un marco necesario para la solución de nuestros problemas de modo firme y definitivo, sino que también un clima para conocernos mejor y ver iluminadamente nuestros propósitos de pueblo.  Antes del ´98 no era tan trágico este proceso de despuertorriqueñización pues la mutua identidad en los valores nacionales con España, ayudaba a que el trauma psicológico del proceso fuera menos doloroso.  Pero en los últimos 70 años este implacable drama va produciendo efectos deletéreos para el alma de nuestro buen pueblo.

Guardia de honor
Guardia de honor en el Colegio de Abogadosante la muerte
de Gilberto Concepción de Gracia . De izquierda a derecha
Rubén Berríos Martínez, Jorge Luis Landing,
Francisco Colón Gordiany, José Antonio Ortiz,
Orlando Muñiz y Fernando Milán Suárez.

      Entre los cristianos se presentan dos opciones: la vía pacífica y la posibilidad del uso del derecho a la revolución como soluciones.  Nuestro querido amigo que hoy acompañamos en su deceso, se ubicó en la primera y se desvivió por proclamarla.  Otros puertorriqueños han creído y creen que ante la disyuntiva de vida o muerte de nuestra patria, se puede considerar,--a pesar de los fracasos del pasado--, el ejercicio de ese derecho como cosa legítima.

      La Encíclica ¨El Desarrollo de los Pueblos¨, de Paulo VI, dice que hay siempre presente la tentación de la violencia ¨cuando hay situaciones cuya injusticia clama al cielo¨, pero más adelante afirma que la insurrección revolucionaria puede engendrar muchos males terribles y no es pues recomendable, ¨salvo en caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y damnificare peligrosamente el bien común del país. ¿Se verifica esta situación en Puerto Rico? Muchos puertorriqueños contestan afirmativamente a esta pregunta, pues no pocos juzgan la situación actual de nuestro país como desesperada.

      A muchos otros les repele el recurso revolucionario por ser extremo, dadas las experiencias del pasado, con pocas probabilidades de éxito. Pero por otro lado, piensan, sigue siendo un derecho de último recurso al cual no se podría renunciar indefinidamente, dado que pueden cambiar considerablemente las circunstancias que en el pasado hicieron fracasar el uso de ese derecho.  Precisamente este año se conmemora el centenario de un fracaso militar, la Gesta de Lares que se considera, y no sin buenas razones, una victoria moral gloriosa que nos engrandeció y nos hizo más conscientes de nuestra nacionalidad.

Entierro GCG
Entierro de don Gilberto. Calle del Viejo San Juan

      El hecho de que en Puerto Rico no se pueda ejercer,--dadas las actuales circunstancias--, el derecho a la revolución para solventar el problema nacional de soberanía, debe onerar las conciencias y debe plantear una grave responsabilidad a los que ocupan las estructuras de poder tanto aquí como en los Estados Unidos, de buscar conjuntamente una solución digna que liquide, a la brevedad posible nuestro actual estado colonial por medio del rescate de nuestra soberanía nacional.

      Hay ciertos derechos inalienables e irrenunciables de pueblo, de acuerdo con una creciente opinión entre una parte considerable de nuestro pueblo, que no pueden ser objeto de una contienda electoral, que por ser de las raíces del derecho natural, no pueden ser sometidos a elección.

      Nuestro querido amigo Gilberto, sin duda, nos seguirá ayudando en nuestra lucha por la libertad, ahora con las claridades celestiales.

      Que Dios lo acoja en su seno paternal y descanse en paz.

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