Instituto Gilberto Concepción de Gracia  

El patriota Concepción de Gracia
(1909-1968) 1

Por José Ferrer Canales

¡Bella, feliz concreción de sueños y motivo de júbilo y meditación es develar en el mismo corazón de la Plaza Pública, el busto de un patriota que encarnó las más altas aspiraciones de independencia, justicia y cultura para nuestro pueblo! Tanto admiramos y amamos al Dr. Gilberto Concepción de Gracia que no deseábamos perder su perfil físico, las líneas de su rostro, de su sonrisa, de aquel cerebro puesto al servicio de la patria. No queríamos que se desdibujara su figura humana en el tiempo y la colocamos, no en un rincón protegido de la lluvia, de las inclemencias del sol y del viento. Sembramos el busto en el centro de la Plaza Pública porque Concepción de Gracia fue un obrero de la inteligencia, que con una profunda formación en jurisprudencia, filosofía, economía, historia, sociología y en las artes, batalló en la calle, en el parlamento, en la cátedra, en la Universidad, en el histórico Ateneo, en el Colegio de Abogados y en foros internacionales por los derechos civiles, individuales y colectivos y con actitud anticolonial y antiimperialista por la libertad del hombre. Concepción de Gracia dio gloriosas batallas en la plaza pública.

José Ferrer Canales
José Ferrer Canales durante
el homenaje que el Ateneo Puertorriqueño
dedicó a Rubén Berríos Martínez,
Presidente del PIP,
el 21 de octubre de 2001. (Foto Bas)

El pueblo de Vega Alta, donde nació Concepción de Gracia —lo que fue la antigua Ribera de la Vega Alta de Espinosa—, fue fundado en el último tercio del siglo XVIII, en 1775. Venimos en 1975 exactamente en el segundo centenario de aquel hecho histórico, trascendental, a develar el busto de un vegalteño que es un puertorriqueño, antillano y latinoamericano egregio, ejemplar.

La última vez que pronuncié en público su nombre —y en ello no hay exhibicionismo sino sencillo cumplimiento de deber y de honradez intelectual—, fue en el V Congreso Internacional de Hispanistas, celebrado en Burdeos, Francia, en 1974, cuando tuve el honor de evocar a Betances y a Martí. Como también he pregonado su gloria en el Ateneo Americano de Washington y ante la Federación Estudiantil Universitaria en la Universidad de La Habana.

Yo le conocí en mis días de adolescencia. Le vi por vez primera en la tribuna, junto a un grupo de universitarios puertorriqueños, entre los que recuerdo a Domingo Marrero Navarro, quien habría de distinguirse como humanista, orador sagrado e intérprete de Ortega y Gasset, Unamuno y Hostos, y junto al profesor Clemente Pereda, Catedrático de Pedagogía, estudioso de Rodó, defensor de la independencia nacional y quien ha prestigiado a Puerto Rico en misiones educativas en Venezuela. Concepción de Gracia y sus compañeros en aquella tribuna en la Avenida José de Diego en Santurce, exigían un Rector puertorriqueño para nuestra Universidad.

Concepción había estudiado en la Escuela José de Diego de Vega Alta y había sido Presidente de su Clase de Octavo Grado. Imagínense: en medio del asimilismo, del conservatismo impuesto por el Departamento o Secretaría de Instrucción Pública, el adolescente Concepción y sus compañeros sorprendieron al público y al profesorado al desplegar una gigantesca bandera puertorriqueña, mono-estrellada, simbólica de la independencia, en el acto de graduación. Para unos, aquello fue un caos, lo imperdonable; para otros, fue una revelación de toma de conciencia patria en aquellos adolescentes. Llamo la atención y condeno el hecho de que muchos jóvenes que en sus años de estudiantes pasan como y posan de revolucionarios y en nuestra tierra se llaman come-candelas, al otro día de recibir sus títulos académicos, profesionales, ya están afiliados a los grupos representativos del colonialismo y del servilismo. Concepción de Gracia y otros llegan al epílogo de sus vidas heroicas, luminosas, sirviendo a los más altos ideales de libertad.

Luego va Concepción de Gracia a la Escuela Superior Central en Santurce y en la Universidad termina sus estudios en Administración Comercial y se recibe de Abogado. Ya ha sido Cofundador y Jefe de Redacción de la Revista Jurídica de la Universidad. Completa su formación académica al ganar una Maestría en Derecho y, como alumno eminente, su Doctorado en Ciencias Jurídicas en la Universidad de George Washington, en Washington, Distrito de Columbia.

¿Saben todos que Concepción de Gracia fue profesor en el aula? Fue Catedrático Asociado en la Universidad de George Washington y en Middlebury College, Vermont, en una Facultad que contaba con el sabio hispánico D. Tomás Navarro, Joaquín Casalduero, Gloria García Lorca y entre otros, con Miguel Ángel Santana. Allí nuestro Concepción de Gracia fue Profesor de Literatura Hispanoamericana. Lo atraen las expresiones de nuestra cultura, la que tiene cimas en figuras como Martí, Hostos, Gabriela Mistral, P. Henríquez Ureña, Neruda y Alfonso Reyes.

Múltiples títulos irían en la tarja del bronce imperecedero para acompañar el busto de nuestro héroe, Concepción de Gracia: Presidente del Segundo Congreso Pro Independencia de Puerto Rico, 1945; Fundador, junto a un núcleo de meritísimos compatriotas y Primer Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño (creado en Hato Tejas, Bayamón, 1946). Sin ser meritísimo, me honré asistiendo a aquel acontecimiento histórico y recuerdo el entusiasmo y la inteligencia con que actuó Concepción de Gracia en aquella hora de fundación del Partido. Durante el período de 1952 a 1960 Concepción fue Senador y quiso transformar lo que se ha llamado la Legislatura de Puerta de Tierra en un verdadero parlamento revolucionario puertorriqueño.

Fue Representante de su Partido a vistas del Congreso de Estados Unidos, al Congreso Interamericano Pro Democracia y Libertad celebrado en Maracay, Venezuela, a conferencias en La Habana. Presidió reuniones con representantes de sus pueblos ante la Organización de las Naciones para que apoyasen la independencia puertorriqueña. Presidió también la Comisión de Derechos Civiles del Colegio de Abogados y fue Miembro de la Comisión de Estados Unidos y Puerto Rico sobre el status de P. R., establecida por el Congreso en 1964. Renunció y repudió esa Comisión en 1966.

Había sido periodista en Nueva York —escribía los editoriales de La Voz. Fue polemista y orador elocuente.

En época en que los lazos solidarios, familiares, han estado en crisis total, Concepción de Gracia fue padre y hermano ejemplar. Lo atestiguan sus hijos: Alma Concepción, artista, Directora de su Escuela de Ballet, y el joven y valeroso patriota, Lic. Gilberto Concepción Suárez, nuestro compañero en el Comité de Apoyo a la Conferencia de Solidaridad Pro Independencia de Puerto Rico, con sede en La Habana, y defensor de los tres puertorriqueños, Raúl García, J. Sampson Fernández y Ángel Luis Gandía, víctimas del Gobierno —no del amado, del sufrido pueblo dominicano— en Santo Domingo, que viola la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Saben de la ejemplaridad de nuestro homenajeado, sus hermanas Juanita, Sara, Carmen, Virginia y Angelina; lo saben D. Rafael Concepción, modelo de caballerosidad y generosidad, el Hon. Juez Herminio Concepción y el héroe Ernesto Concepción, quien murió en la II Guerra Mundial en los campos de Alemania, entendía él, defendiendo el principio de la libertad.

No conocí al padre, D. Ceferino Concepción, pero sí me honré con la amistad de aquella flor de sabiduría, alma de seda y estoica, la señora madre de nuestro patriota, doña Carmen de Gracia, a la que va nuestra más pura ofrenda de gratitud nacional. ¡Bienaventurados los padres que tal hijo procrean porque ellos florecerán en la inmortalidad!

Concepción de Gracia fue un radical que es, como explica Martí, el hombre que va a las raíces de los problemas. No sólo presidió su Partido. No sólo expresó su solidaridad en la trascendental Declaración de Aguadillo, de 1950 con el Partido Nacionalista. El gozó un honor que la historia no deparó a otros patriotas. No pudo tener ese honor, Betances; no lo tuvo Hostos, ni José de Diego, ni Albizu Campos. Este y otros en la constelación de nuestros héroes, son gloriosos. Sembradores del bien, del ideal, quemaron sus vidas en el ara sagrada de la patria. Pero sólo Concepción de Gracia defiende, en vida, a uno de esos maestros. Con su patriotismo, con su sabiduría jurídica, con su valor y su sacrificio, Concepción de Gracia defiende a D. Pedro Albizu Campos de las garras de la Corte Federal de los Estados Unidos donde se le había acusado de conspiración para derrocar el régimen.

Verdad que Albizu Campos, héroe de América, elogiado por el pensador José Vasconcelos en Indología, es nuestro bíblico David frente al Goliat del imperio norteamericano. Pero el patriota Concepción de Gracia es el Cirineo y el abogado defensor de nuestro David bíblico, encarcelado tras las rejas de la ignominia del impe­rialismo norteamericano.

Por eso, con sentido de justicia, una de las más extraordinarias personalidades de nuestra historia y de América, el poeta épico-lírico en la Alabanza en la Torre de dales, el revolucionario ¡tan grande en su martirio!, Juan Antonio Corretjer, escribe acerca del "integérrimo defensor de la independencia y amigo de toda mi vida", Concepción de Gracia.
Quiero también recordar a mi pueblo —dice Corretjer— que Gilberto fue uno de los principales abogados que nos defendieron en la Corte Federal en el juicio por conspiración de 1936, hecho que obliga muy particularmente la gratitud de los luchadores independentistas de nuestra generación.

Esas palabras de Corretjer constituyen uno de los múltiples elogios en honor a Concepción de Gracia, suscritos o dichos por patriotas, discípulos, intelectuales y por enemigos de las ideas libertadoras de Concepción.

La Dra. Abigail Díaz Vda. de Concepción, a quien admiró intelectualmente y a quien amó entrañablemente, su esposa —oasis, consolación, acicate, estímulo—, sintetizó así su sentir: "Siempre se dio todo a la causa de su país. Era tan humano que se extralimitaba y quizás por eso nunca admitió hasta sus últimos momentos que iba a morir... He quedado, sin él, en un vacío muy grande".

El senador Miguel Ángel García Méndez, uno de los enemigos acérrimos de las ideas libertadoras de Concepción de Gracia, pronunció unas frases que no podemos olvidar:
.. .el éxito que a veces ríe a los pavorreales de la política... a menudo niega sus favores a las capacidades como Concepción de Gracia. Porque no hay duda de que era él un hombre capacitado en su profesión legal, en el debate parlamentario, en la oratoria culta. .. .es obra buena levantar la voz y el índice impasible y señalar al pueblo las figuras que le dignifican, y pedirle a la historia sitio de prioridad para ellas, y a la sociedad dormida, despertarla con el acento de la verdad, que sea diana de Resurrección y de amor.

Estamos citando a un enemigo parlamentario de Concepción y, paradójicamente, estamos haciendo lo que él propone: que señalemos a éste como una de las figuras que edifican, educan, que forjan la conciencia cívica de la patria puertorriqueña.

El Catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad, ensayista, profundo estudioso de nuestra historia, uno de los más nobles y valerosos jóvenes de la América de vanguardia, hoy, el Dr. Manuel Maldonado Denis, quien estuvo muy cerca de Concepción de Gracia, admira en nuestro héroe esa
. . .figura cimera cuyo acendrado patriotismo y profunda devoción por la liberación nacional de nuestra patria se encuentra más allá del alcance de quienes fueron sus detractores.... Luchador infatigable, no confundía la cortesía. .. con la cesión de un ápice de sus principios anticolonialistas y antiimperialistas. . .

Lo cierto es —agrega Maldonado Denis— que el Dr. Gilberto Concepción de Gracia fue... maestro de todos nosotros.

Lazarillo de honor, verdadero compañero en los sacrificios de Concepción de Gracia, fue el Profesor José Antonio Ortiz, quien llama al ilustre vegalteño Padre y Maestro de la Patria, esclareciendo:

En las luchas internacionales que se libraron en el Congreso de Estados Unidos y en el seno de las Naciones Unidas, Concepción de Gracia cautivó la atención de todos los representantes de nacionali­dades, por la hondura de su pensamiento.

Y dice el Profesor Ortiz: ". . .el ideal de hombre cristiano encontró concreción y fulgurosa expresión en él".

Precisamente esto fue lo que exaltó, con toda su autoridad moral, Monseñor Antulio Parrilla Bonilla, S. J., el 17 de marzo de 1968:
(Con) una actitud de cristiano sereno, quiso buscar en lo político un remedio pacífico al gravísimo problema moral que plantea el proceso de estrangulamiento persistente del ser puertorriqueño. . ., que se ha recrudecido desde el '98. . . (Los) últimos años de la vida incansable de Concepción. . . fueron un holocausto en aras del deber y de la responsabilidad patriótica.

Nuestra más amada maestra, la Catedrática Emérita de la Universidad de Puerto Rico, símbolo del más alto magisterio moral de América —como Gabriela Mistral y Lola Rodríguez de Tió—, patriota y su compañera en la Junta de Directores del Partido Independentista, la Dra. Margot Arce de Vázquez, ha visto en Concepción de Gracia, uno de esos modelos que constituyen lo que, según Martí, es la levadura heroica de que viven los pueblos. Margot Arce recuerda cómo él colaboró con la Comisión de Derechos Civiles que investigó la Masacre de Ponce (Matanza en el pueblo de Ponce) y cómo defendió a obreros puertorriqueños, discriminados en Nueva York. "Toda su vida fue de lucha, de riesgo personal, de renuncia al bienestar y al lucro", afirma Margot Arce quien destaca la visión hispanoamericanista y "la recta conciencia del deber" en este "insigne puertorriqueño".

Y canta el poeta y patriota, nuestro Josemilio González:

Gilberto Concepción de Gracia:
hombre de sueño y de estampa,
hecho del temblor
caliente de la tierra
en su palabra
celeste;
nacido en la vega alta
de Puerto Rico,
cañada del dolor,
suelta amargura,
último cristal de la lágrima.
Gilberto Concepción, por la gracia del espíritu,
líder de la libertad,
escudero de la Patria.
Vívida voz de un levante de hombres
en la entera virilidad de la esperanza.

La corona para hacer justicia a la obra y a la personalidad de Concepción de Gracia debe incluir los testimonios del Presidente del Partido Independentista y Senador, Rubén Berríos Martínez, quien alaba en nuestro patriota la constancia, el heroísmo, el decoro, la exigencia de respeto y su espíritu revolucionario, y el juicio del Ex-Representante a la Legislatura, Baltasar Quiñones Elías, quien se refiere al estoicismo, patriotismo y espíritu de convivencia de Concepción.

Otros hombres de Puerto Rico y de otras patrias le expresaron su admiración, entre éstos: el distinguido jurista licenciado Domingo Toledo, el licenciado Francisco Susoni, hijo; el Dr. Francisco Aguilera, Consultor, Fundación Hispánica, de la Biblioteca del Congreso, Washington, D. C; Waldo Frank, hispanista norteamericano; la Dra. Patricia Roberts Harris, Ex-Embajadora de Estados Unidos en Luxemburgo; los doctores José María Chacón y Calvo, Jorge Mañach y Emilio Jorge Reyna, de La Habana; Carlos Urrutia Aparicio, de Guatemala, en Cuadernos Americanos, de México; el Dr. Pedro Berro, Ex-Embajador del Uruguay ante las Naciones Unidas; el ilustre Dr. Enrique Coraminas, quien fue Delegado argentino ante la Organización de los Estados Americanos, y el Maestro socialista Dr. Alfredo L. Palacios. Creo que todas estas personalidades desearían que se conocieran sus testimonios en esta fiesta de la cultura y del patriotismo puertorriqueño.

Alguna vez he expresado que el historiador de las letras argentinas Ricardo Rojas acogería a Concepción de Gracia como uno de sus arquetipos y que Emerson, el pensador de Concord, lo podría señalar como un hombre representativo. Merecía y merece tales homenajes por ser él, puertorriqueño hasta las más íntimas raíces; por ser devoto de las más finas expresiones estéticas; por americano de Nuestra América, la América mestiza, que él simbolizó, la de Juárez, Antonio Maceo, Martí, Betances, Albizu y Bolívar; por su fe y su esfuerzo en favor de nuestro derecho natural, humano, inalienable; porque llevó nuestro clamor de justicia a los más altos foros ecuménicos; y porque, mientras otros amontonaban y hoy amontonan riquezas y oro que la polilla corrompe, o viven como talentos serviles y venden la pluma o sencillamente están de espaldas a la patria, él, Concepción de Gracia, peregrino de un mensaje trascendente, vivía en pobreza y con la dolorosa cruz de su pueblo, en camino hacia la Jerusalén de la independencia, hacia la total libertad de Puerto Rico.

El nombre del Dr. Gilberto Concepción de Gracia es imperecedero, imborrable en la historia de las luchas por la cultura y por la libertad de América, porque es imperecedero, imborrable de la gesta de nuestro pueblo por su cultura y por su libertad. La inmortalidad y la universalidad del nombre de Concepción de Gracia tienen como punto de arranque su obra libertaria en nuestra patria y por nuestra patria puertorriqueña. "La universalidad —enseñaba el Maestro hispanoamericano Pedro Henríquez Ureña— no es el descastamiento... El hombre universal con que soñamos será de su tierra". Porque es de su tierra, es universal Concepción de Gracia.

Tengamos presente que si estuviésemos hablando sobre el pensador peruano, el Amauta, José Carlos Mariátegui, tendríamos que afirmar que Mariátegui es un socialista, que quiere conscientemente echar las bases del socialismo peruano. Si estuviéramos hablando sobre Martín Lutero, el Reformador, aunque el auditorio fuese totalmente católico, subrayaríamos que él fue protestante, y si el homenaje fuese para Su Santidad, el Papa Juan XXIII, a pesar de la visión ecuménica, universal de éste, aludiríamos a sus raíces en el catolicismo. En otro plano: Si tratásemos acerca de aquel extraordinario valor humano, hijo ilustre de Bayamón, el Dr. José Celso Barbosa, no podríamos omitir que él sirvió a la idea de hacer de Puerto Rico un estado de los Estados Unidos de Norteamérica. Al hablar sobre el Dr. Concepción de Gracia —tan caballeroso con todos los hombres honorables— tenemos, por honradez intelectual e histórica, que destacar que él fue un Apóstol de la independencia nacional puertorriqueña.

Quienes se adentren en el estudio profundo de su pensamiento, verán cómo él aborda, entre otros, los temas de la soberanía, la vida, el derecho de los pueblos pequeños, el colonialismo y las colonias, los problemas de los obreros y las huelgas, el voto y las elecciones, problemas de la educación, la cultura y la Universidad y su interés por las artes. Nos dirán cómo admiró y cómo aparece él en la huella de Betances, Hostos, José de Diego y Albizu Campos y cuál fue su visión de Martí y del Mahatma Gandhi. No es que su alma se ciñese a esos únicos motivos. Un análisis de su obra y de su personalidad multifacética, pero con tan profundo acento puertorriqueño, nos revelaría cuan profunda y cuan vasta era su cultura y cuan verdadera su pasión de justicia.

El rechaza por deshonesto y acomodaticio el concepto de soberanía, equiparado a "nacionalismo agresivo y aislamiento de pueblo". El sabe que "el mundo moderno está organizado sobre la base del reconocimiento de la soberanía de los pueblos", hecho en que se funda la existencia de las Naciones Unidas.

Polemizando, discutiendo conceptos vertidos por el profesor Dr. Cari J. Friedrich, sostiene que quienes atacan a los pequeños pueblos es porque tienen el culto de la fuerza, el culto al poder. Aplaude un ensayo-discurso, Apología de la pequeña nación, en que su autor, el humanista venezolano Mariano Picón-Salas alude al valor de esos países. Comenta Concepción:

Los pueblos pequeños, atropellados a lo largo de la historia han tenido que buscar fuerzas en su intelecto,...en su espíritu. . ., en la cultura, para poder enfrentarse a la fuerza organizada y al poder organizado.

Concepción de Gracia ve el mundo dividido en colonias y en pueblos libres y concretamente dirá:

. . .el problema colonial es el problema fundamental del mundo contemporáneo. Hay dos sistemas en el mundo. El sistema colonial y el sistema de pueblos libres. El sistema colonial es la podredumbre. El sistema colonial es la ignominia. . .; es el aislamiento. El sistema de naciones libres es la oportunidad de colaboración, es la oportunidad de laborar unidos los pueblos sobre bases de igualdad. El sistema de naciones libres es la convivencia universal sobre bases de recíprocos, de mutuos, de iguales derechos.

Y pensando y encarándose con su pueblo, añade: "Estamos rezagados en el camino de la justicia y de la libertad. Llegaremos, a pesar de todo, porque esa es la voluntad del pueblo de Puerto Rico".

Los jóvenes que en Puerto Rico votaron por vez primera en 1972 y los que en 1976 podrán votar por vez primera, saben o debían saber que Concepción de Gracia, en marzo de 1954, hace más de veinte años, cuando algunos de estos jóvenes todavía no habían nacido, defendió con su verbo elocuente, en el Senado, ese derecho a votar en las elecciones públicas. Porque si a esa edad podían forzarlos a ir al frente de batalla, tenían también derecho a expresar sus preferencias y su pensamiento en las elecciones.

También sirvió a los trabajadores y explicó qué es la huelga. El 27 de marzo de 1953 dijo en medio de un discurso en el Senado:

La huelga es un derecho esencial del pueblo. Es una prerrogativa básica de la ciudadanía. Es un instrumento de expresión democrática. Cuando se agotan los recursos de la persuasión, la mediación y la conciliación, los obreros plantean sus demandas de justicia a través de la huelga.

Creyó en la auténtica democracia y pidió respeto para las minorías. En una de sus epístolas públicas —de 2 de marzo de 1953— escribe lo siguiente:

El sistema democrático exige para su adecuado funcionamiento, no el mero reconocimiento verbal y retórico del derecho de las minorías, sino su eficiente instrumentación. De no hacerse así el ejercicio del poder público desemboca indefectiblemente en la dictadura y en la corrupción. Recuerde al efecto, señor Gobernador, la sabia y conocida sentencia de Lord Acton: "Todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente".

El Dr. Concepción de Gracia amó las artes: la poesía, la música, la pintura. Podrían atestiguarlo: Julia de Burgos, Nimia Vicéns, Iris Martínez, Josemilio González, Amaury Veray, "Davilita", Don Ramón Frade, Oscar Colón Delgado y otros artistas. En el Parlamento exalta a nobles figuras de la cultura nacional, aprovechando la coyuntura de los aniversarios de éstas y honra al educador Fray Ángel de la Concepción Vázquez, al compositor Juan Morel Campos, a patriotas como Segundo Ruiz Belvis y Rosendo Matienzo Cintrón y al poeta y héroe Francisco Gonzalo Marín, discípulo de Martí y quien murió en la manigua cubana Turiguanó.

Concepción de Gracia estuvo contra la histeria del Gobierno. Pedía serenidad y cordura. Hizo suyas palabras del senador Herbert H. Lehman contra lo que éste llamó "el rastrero macartismo que ha roído las raíces de (la) fe en las libertades civiles".

Sus discursos fueron sermones laicos, cátedra de civismo, de historia, de sociología, de concordia para su patria. Su palabra, siempre adecuada al mensaje, era ya lírica, emotiva, cautivadora, o enérgica, contundente, incisiva; era frase con elocuencia, con alas, con altura. Escucharle era ponerse a tono con héroes y patriotas de la estirpe más pura y, entre éstos, Betances, el patriarca, Hostos, el pensador, o como decía el ensayista colombiano Carlos Arturo Torres, "la conciencia ética del continente", y con José de Diego, poeta y orador, cuyas Nuevas campañas leía, meditaba y citaba.

No puedo dejar en el olvido palabras con que Concepción de Gracia traza este perfil del primero, acaso el más sacrificado, entre todos los patriotas puertorriqueños del siglo XIX, aquel que nació en Cabo Rojo y se formó y tanto sirvió a la libertad, en Francia, el Dr. Ramón Emeterio Betances:

. . .Siguiendo la línea inevitable de desarrollo de su vocación redentora, Betances se fue dando cuenta de que él pertenecía a una sociedad minada por los males endémicos del colonialismo. . . Se amplió su horizonte moral y entonces descubrió la entera dimensión de su alma, que era la de ser curador de pueblos, creador de nacionalidades.

Pero a nadie rindió un homenaje tan fervoroso como a José Martí quien, como explica Gabriela Mistral, funde la misericordia y la combatividad y, según el humanista argentino Ezequiel Martínez Estrada, es el Sabio, Héroe y Mártir, el más grande hombre de América. Ningún puertorriqueño puede olvidar que Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano en 1892 para "lograr la independencia absoluta de la Isla de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico". Tengo preferencia por estas frases del discurso que pronunció el Dr. Concepción de Gracia en el Senado de Puerto Rico, el 28 de enero de 1953, en el centenario del natalicio de Martí. Son palabras de vigencia para nuestros compatriotas de hoy:

A Martí hay que honrarlo con hechos, con militancia cívica, con ardiente devoción a su doctrina. No profanen la noble y austera memoria del Apóstol, los que hayan rendido su ideal, los que se hayan apartado de su doctrina, los que hayan repudiado sus verdades, los que hayan tomado los cómodos atajos del coloniaje por consentimiento, más vergonzosos aún que el coloniaje por la fuerza. A la sombra austera de José Martí precisa decirle, en esta hora angustiosa de su centenario, la verdad, toda la verdad. Y la verdad máxima es que el ideal de independencia está vivo en la conciencia del pueblo puertorriqueño.

Y a pocas personalidades de estatura universal, honró Concepción de Gracia como al Mahatma Gandhi, de la India. Nos parece que le sería grato que aquí recordásemos parte de una cita del año 1948:
Gandhi es la más pura, la más noble y la más alta figura de nuestro tiempo. Es la más enhiesta cumbre moral de nuestro mundo contemporáneo. .Nadie en la tierra ha generado nunca más fuerza espiritual que él en la lucha por la justicia, ni nadie ha galvanizado más voluntades en la lucha por la libertad. Gandhi era todo espíritu. Puede decirse que jamás ha habido mayor cantidad de espíritu encerrada en menor cantidad de carne.

Ahora, con sentido patriótico, en la Plaza Pública del pueblo en que viviste tu niñez, la antigua e histórica Ribera de la Vega Alta de Espinosa, pueblo fundado hace dos siglos, en 1775, te evocamos e invocamos.

Hermano nuestro que estás en los cielos. "Escudero de la patria", como te vio el lírico y pensador Josemilio González. Patriota, que aprendiste en el Maestro de heroicidad y ternura, Martí, la antillanía, a echar tu suerte con los pobres de la tierra, a ver en la patria un altar, y a "sentir con entrañas de nación". Discípulo y heredero de José de Diego. Alma de entereza, dación de bien. Hermano mayor, que en el lenguaje del Cristo misericordioso y revolucionario equivale a conciencia que sirve más que los otros. ¡Hombre apostólico, Gilberto Concepción de Gracia!

Santificado sea tu nombre. Es decir: alabado, cantado, glorificado —más allá de cualquier desliz que no te conociéramos. Porque nos defendiste con tu verbo, con tu sabiduría jurídica, con tu valor, frente a la tiranía del régimen extranjero, frente a discrímenes en el mismo corazón del monstruo, en Maracay, La Habana, do estuvieras, y en el suelo materno, frente a los pitiyanquis que ignoran nuestros orígenes y violan nuestra esperanza. ¡Alabado, santificado sea tu nombre!

Venga a nos tu reino. Tu reino que, más que venir a nosotros, hemos de crear a base de las lecciones de nuestros fundadores. Tu reino, que es de libertad y de justicia. Tu reino, que es de la soberanía, matriz gestora de la auténtica vida del decoro. Tu reino, que es la convivencia de los hombres libres —eliminada la colonia, ¡todo vestigio de la colonia, no importa su nombre pomposo, híbrido, de ambigüedades o mixtificaciones!

Tu reino, que es el de la Universidad de ciencia y conciencia, con atención a leyes de universo e imperativos de patria, Universidad autónoma, con libertad de cátedra, cogobierno en que estén representados, entre otros, profesores, graduados y estudiantes, y de la que salga el alumno con alma de hombre sabedor de deberes y derechos.

Tu reino, que es de respeto al derecho del obrero, de la mujer, de la vejez y la juventud, del negro, de cuantos han sido discriminados, vilipendiados a través de la historia. Tu reino, que no está forjado con cemento, con hierro, con oro o con varillas, porque es espíritu transmutado en pan, en canción, en libertad, en justicia social, en cultura.

Perdónanos nuestras deudas: las de una ingratitud inacabable para con quienes ayer y hoy se esfuerzan en la lucha anticolonial, antiimperialista, en la Boriquén, en Nuestra América explotada y heroica, en el África que admiraste por ser, decías, "espectáculo de una conciencia nacional creciente" y en el Asia con su "despertar de pueblos explotados".

Y no nos dejes caer en tentación. La tentación de menospreciar lo nuestro, a los arquitectos, a nuestros mejores hombres y a nuestro pueblo, con sus manchas y virtudes.

Líbranos del mal de la histeria, del silencio, "el pánico a descargar la responsabilidad con arreglo a la... conciencia". Líbranos de aislarnos en la pugna contra quien, de acuerdo con el lema latino divide et vinces, divide y vence. Líbranos de arrodillarnos frente a los explotadores.

Porque tuyo es el reino y la gloria. Y en ellos recuerdas tu legado, tus lecciones de historia y optimismo, según afirmaras: "el pueblo no puede ser detenido nunca en su marcha hacia la libertad. . . Vendrá inevitablemente para cobijarnos a todos los hijos de esta tierra".

A ti, generoso y dinámico, que te hiciste presencia humana entre nosotros, que ascendiste por la escala del dolor, del amor y del sacrificio, hasta las cimas de los héroes, te pedimos:

Que sea tu busto, perenne incitación al cumplimiento de nuestras patrióticas misiones morales.

Que solidariamente, con nuestros hermanos del orbe antillano, latinoamericano, africano y asiático, y con cuantos pugnan en el mundo por la entera libertad del hombre y por la total anulación del colonialismo y la servidumbre, seamos obreros, artífices conscientes de la liberación de nuestra patria. Nos consagremos a la defensa de nuestra cultura, de la justicia social, de la paz creadora.

Glorifiquemos tu nombre, Gilberto Concepción de Gracia, en la acción y el pensamiento libertadores, viviendo el lema, haciendo realidad aquel mensaje, aquella saeta que recogimos de tus labios y que ordena: ¡A la lucha y a la victoria!

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1- Palabras pronunciadas en la develación del busto del Dr. Gilberto Concepción de Gracia en la Plaza Pública de Vega Alta, Puerto Rico, el 20 de julio de 1975.

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